Todo el mundo quiere hacer magia, pero casi nadie quiere estudiarla
La IA está haciendo mucho más fácil construir software. Mantenerlo, actualizarlo y responsabilizarse de que siga funcionando continúa siendo otra historia.
Jason Fried, fundador de 37signals, escribió hace poco que la revolución del software a medida probablemente será bastante distinta de cómo nos la están vendiendo, y estoy muy de acuerdo.
Hablando sobre esto con Pablo Sosa, amigo y socio nuestro en Pulpo, me dio el mejor ejemplo que he escuchado para explicarlo:
Si todo el mundo pudiese hacer magia, todo el mundo querría hacer magia. Pero muy poca gente se pondría realmente a estudiarla.
Aprender, practicar, equivocarse y dedicarle años seguiría dando bastante pereza. Es humano.
La IA está bajando de una forma espectacular la barrera de entrada para construir software. Una persona puede crear en unas horas una aplicación interna, conectar varias fuentes de datos o automatizar un proceso que hace poco habría necesitado un pequeño equipo técnico.
El acceso se ha vuelto mucho más sencillo, pero la responsabilidad continúa intacta. Alguien tendrá que mantener ese sistema cuando quien lo construyó cambie de puesto o se marche de la empresa. Alguien tendrá que entender qué ha ocurrido cuando falle un martes a las siete de la mañana. Y alguien tendrá que actualizarlo cuando cambie el negocio, una regulación o cualquiera de las herramientas con las que estaba conectado.
Construir la primera versión suele ser la parte divertida. Mantenerla viva durante años exige bastante menos entusiasmo y mucha más disciplina.
Esto lo vemos constantemente en Pulpo. Las empresas suelen buscar una solución a un problema concreto: controlar costes, reducir fraude, organizar mantenimientos, evitar accidentes o dejar de perseguir documentos en hojas de cálculo. Pocas sueñan con incorporar otro proyecto tecnológico que deban aprender, supervisar y mantener.
El software es el medio. El resultado es lo que les importa.
Hay también un sesgo enorme en esta conversación. Quienes están más entusiasmados con la idea de que cada persona construirá sus propias herramientas suelen ser personas que disfrutan construyendo software.
En X y LinkedIn parece que todo el mundo está creando aplicaciones, agentes y automatizaciones durante el fin de semana. Ese feed representa a una parte muy concreta del mundo. Fuera de esa burbuja, la mayoría de la gente prefiere dedicar su tiempo a otras cosas.
Tener una pala al alcance de la mano tampoco convierte a todo el mundo en excavador. Mucha gente seguirá pagando a alguien para que cave el hoyo, porque tiene otra profesión, otras prioridades y bastante menos interés por aprender a usar una pala o esforzarse en cavar.
La IA permitirá que más personas construyan herramientas útiles. También permitirá que las empresas de software desarrollen productos mejores, más específicos y mucho más deprisa. Y sin duda habrá mucha más magia pero seguirán faltando magos dispuestos a encargarse del espectáculo cuando se apaguen las luces.